Limpia y Relimpia: Las tareas diarias que realizan en el hogar

Aquella mañana ya estaba descansando y viendo la tele, uno de mis canales favoritos para las noticias internacionales. La CNN.

Después de haber sufrido uno de mis ataques de limpieza, de esos que afortunadamente con la edad y el cansancio se te pasan o al menos extienden en el tiempo y había desinfectado y desengrasado mi cocina hasta decir basta.

Y entre todas cosas que había restregado y repasado estaban un buen  puñado de imanes que coquetamente adornaban la puerta superior del frigorífico.

Ver también: Viajar con niños

Los había puesto en remojo… con un buen chorro de desengrasante.

Al sacarlos de su baño, me acorde que algunos de esos adornos los había adquirido en un puestecillo callejero de peruanos y  estaban hechos con miga de pan  por lo  que habían perdido la rigidez que en su momento les dio una buena mano de barniz  y alguna otra pintura y andaban medio blandujos y algo deslucidos.

Decidí dejar secarlos sobre la superficie de la puerta y tomar la decisión de tirarlos si no mejoraba su aspecto al volver a secarse, para más adelante.

Conseguir para no pasar limpiando la casa.

Horas más tarde, en la madrugada del día siguiente, volvería a  acordarme de ellos al instante.

Mi hijo tenía la bendita costumbre de dormir de un tirón desde su nacimiento.

Desde el último biberón de la medianoche hasta bien pasadas las 5 de la mañana y como cada día en previsión de no tener que bajar a la cocina (vivíamos en un dúplex) había dejado preparado su biberón en el calienta biberones con la tetina aparte.

Justo cuando fui a cerrar la rosca fue cuando me di cuenta de que no encajaba, había cogido la que no era y me tocaba bajar hasta la cocina a cambiarla (Eso te pasa cuando tienes un biberón de cada marca).

Normalmente habría entrado a la cocina a oscuras pues nunca he sido miedosa y el reflejo de la farola de la esquina me permitía moverme sin tropezar con nada.

Pero le di al interruptor porque quería estar segura de coger la rosca adecuada… y justo con el fogonazo de la luz el rabillo de mi ojo se percato de que algo grande negro y peludo acababa de esconderse entre el marco y el hueco del  frigorífico.

Me quede helada en un segundo.

Era una rata… y de las grandes… Andaba enganchada en la golosina que para ella era la miga de pan de los imanes.

El fogonazo de la luz la mantenía medio cegada y no sabía si el susto mío de descubrirla o el suyo de ser descubierta  duraría mas rato.

Así que tenía que darme prisa.

Habría cerrado la puerta de la cocina y corrido hasta mi dormitorio como alma que lleva el diablo pero mi hijo me estaba arriba hambriento y esperando;  me arme de valor (no hay bicho que me de más miedo y asco  que un roedor) y pegue literalmente un salto hasta el armario, saque la rosca correcta y vi como la tela metálica de la ventana (otra manía de dejar la cocina ventilada)  había sido mordida y que el jamón que yacía en medio de la mesa de la cocina, seguía intacto!

Cerré la puerta y corrí escaleras arriba a despertar a mi marido.

Solo podía pensar en mi abuela que siempre contaba que de niña vio un bebe mordido por las ratas atraías por el olor a leche.

Y cogí a mi niño y el calienta biberones al vuelo y me refugie en nuestra cama de matrimonio.

Muchas de estas cosas que utizo en mi día a día con el bebé las he encontrado en Infanity.

Mi marido más tarde llamo a uno  de sus hermanos que por aquel entonces regentaba una empresa de desratización y limpieza y se marcho bien temprano al trabajo.

Luego llego la “brigada socorro” de mis padres que se llevaron en volandas al niño (mi madre también tenía grabada la historia de mi abuela en su memoria) y me dejaron en el marrón de esperar a que llegasen los de la limpieza y  capturase a la maldita rata.

Si no hubiese sido tan “requetelimpia” y no hubiese puesto en remojo los imanes, quizás la rata hubiese buscado fortuna y comida por otros lares…

Si, no me hubiese equivocado de rosca entre tanto biberón diferente , quizás la rata se habría ido por donde vino y yo me habría vuelto loca tratando de localizarla ( solo de pensarlo se me revuelve el estomago)..

Si no fuese tan limpia…. No habría tenido que volver a limpiar toda la cocina… tirar toda las cosas que estaban sobre el mostrador por donde imagine que el bicho se había paseado y terminar medio ahogada en el tufo de exceso de productos de desinfección y lejía medio agotada.

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